Mostrando entradas con la etiqueta Cultura. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Cultura. Mostrar todas las entradas

miércoles, 4 de abril de 2018

ROBERTO ESCOBAR ISAZA por Daniel Acevedo, historiador


ROBERTO ESCOBAR ISAZA
EL ERMITAÑO FILÁNTROPO
Cuando se piensa en la figura de Roberto Escobar Isaza, no podemos evitar asociarla con la biblioteca de nuestro parque educativo. Cuando ingresamos al templo que custodia aquellos vestigios de memoria, poesía y literatura lo primero que encontramos es un cuadro con un hombre, sentado en una silla mecedora, con unos enormes anteojos y a su espalda una biblioteca vasta. Solía decir Borges que si existiese un paraíso debía ser una biblioteca y, de alguna manera, aquel hombre sonríe porque está inmerso en un territorio en el que se siente cómodo, rodeado de cientos de páginas llenas de aventuras, reflexiones filosóficas y grandes historias. La idea del presente escrito es intentar desentrañar un poco y rescatar del olvido la figura de Roberto, entender cuál fue su relevancia dentro de la historia de El Retiro y qué aportes hizo a la comunidad guarceña.
Roberto Escobar Isaza nació a finales del siglo XIX, el 24 de noviembre de 1897, en la ciudad de Medellín. Desde muy temprano se destacó como un lector empedernido y un ratón de biblioteca, que disfrutaba compartiendo sus lecturas y pensamientos con los demás. Creció en un ambiente propicio para cultivar el gusto por la lectura, ya que sus hermanos también fueron unos apasionados de la cultura y el arte. El padre de Roberto, quien también se llamaba de la misma manera, había sido un campesino de Amalfi que consiguió una gran cantidad de capital con el comercio. La mayoría del dinero lo perdió por sus problemas de salud. Desesperado, viajó varias veces a Europa en busca de la curación de sus dolencias, pero los viajes fueron infructuosos y el 6 de marzo de 1915 murió en Medellín, cuando Roberto, su hijo mayor, adelantaba sus estudios de Derecho en la Universidad de Antioquia y solo contaba con 17 años. Así, a Roberto Escobar, mientras finalizaba su adolescencia le tocó enfrentarse a la pérdida de su padre, acontecimiento que, sin duda, debió moldear en parte su carácter abnegado y altruista, pues, de alguna manera, debió ayudar en su casa apoyando a su mamá en el manejo de su familia y sus hermanos, que estaban entre los 16 y los 13 años. Pese a las circunstancias difíciles, terminó con éxitos sus estudios en la Universidad de Antioquia, donde se graduó de derecho en el año de 1919.
En agosto de 1919,  muy joven, se fue con su familia para Nueva York, donde tuvieron contacto, en una ciudad que ya se postulaba como una metrópoli universal, con el boom de la cultura, la literatura y el arte norteamericano. Movido por la búsqueda de nuevos horizontes decidió especializarse en Economía y Finanzas en Nueva York, donde permaneció hasta 1921. A su regreso a Medellín, creó una oficina de abogados con Fernando González, el filósofo de Otraparte, y, según cuenta entre risas Gustavo Escobar su sobrino, aquellos dos personajes dedicaban más su tiempo a la discusión, la conversación y el debate que al trabajo práctico. Sus pasiones y lecturas los llevaban a esos territorios donde la palabra se convertía en un mecanismo de aprendizaje, intercambio de ideas y alimento del espíritu. También al regresar a Medellín, él y sus hermanos decidieron invertir el pequeño capital que les quedaba de la herencia de su padre en el montaje de una fábrica de medias que habrían de manejar sus hermanos Gustavo y Jorge. La empresa se llamaba Roberto Escobar y Hermanos pero su vida fue corta, debido a su falta de experiencia en negocios y de capital para invertir.
Fue nombrado Cónsul de Colombia, entre los años 1932 y 1934, durante la presidencia de Enrique Olaya Herrera. Cansado, quizás, de las grandes cenas y la parafernalia del poder el abogado Roberto Escobar decide retornar a Medellín buscando la tranquilidad de la familia. Retoma su oficina de abogados y decide ser partícipe de nuevos proyectos de negocios. En Medellín fundó una empresa de publicidad, con el nombre de “Agencia Publicidad Época”, que tuvo éxito. Y, mediante algunas gestiones, ayudó en la venida del tenor mexicano Pedro Vargas, el ruiseñor de las américas, a La Voz de Antioquia, acontecimiento que marcó una época en la historia de la escena musical local.
En 1936 el gobierno colombiano lo nombró Director general de Educación Comercial, cargo que desempeñó hasta 1940. En 1943 fue Superintendente Nacional de Importaciones a la vez que ejercía como abogado en su oficina de Medellín. En estos tiempos se mantenía viajando de Bogotá a Medellín y viceversa. En Bogotá ejercía el oficio como administrador, en una época de altas turbulencias políticas, y en Medellín se reencontraba con su madre, que era objeto de su adoración. Ella y sus familiares eran su reposo y refugio en medio de la tempestad.
Era también un momento para propiciar el debate, el intercambio de ideas y participar en un escenario caldeado por los desencuentros entre los gobiernos y las reformas de la república liberal con la oposición conservadora y la Iglesia Católica. Roberto abordaba estos debates con una posición conciliadora, inserta en un conservatismo moderado. Decide fundar un periódico en Bogotá, conocido como La Razón. Desgraciadamente esta incursión en el periodismo no es del todo exitosa, pues el periódico solo saca unos pocos números y no tiene la amplia recepción que esperaba. Sus posiciones políticas, que rompían con el conservatismo más ortodoxo,  no eran bien vistos por parte de algunos de sus familiares.
Dedicó su tiempo libre a la escritura, sobre todo de ensayos de economía y poesía, géneros que cultivó durante su tiempo libre. Con los temas de su especialización, escribió varios libros entre ellos Ciencias Económicas en Graficas y Psicología de los Negocios. Su obra poética quedó reunida en un libro inédito llamado “A través del Cristal”, poemas escritos desde su adolescencia hasta sus últimos años. Su pluma da cuenta de un refinado uso del lenguaje y de un gran conocimiento sobre la historia de la tradición literaria occidental. También nos deja ver el intenso apego y cariño que tenía por su familia, con algunos retratos y perfiles poéticos.
En 1964, retirado de la vida pública y los negocios, retorna a El Retiro:  aquella tierra a la que siempre estuvo vinculado por su madre Emilia Isaza, cuya madre -la abuela de Roberto--, Ana María Mejía González, era guarceña de nacimiento, y por una finca que, durante su juventud, su familia tenía en el paraje de la Argentina, llamada Casisaza. Ahora, había asegurado el resto de sus días con los ingresos de las rentas de algunas propiedades en Medellín, y se disponía a disfrutar de un justo retiro en la tierra de los barranqueros y los trombones. Para ello adquiere en 1965 una casa a dos cuadras del parque, aquella casa de esquina, de fachada blanca y verde,  que nos asombra por la belleza de sus jardines y cuya entrada parece trasladar al visitante a una época remota. Compró la casa y la arregló. Hizo un gran salón y, allí, forjó su biblioteca.
Fue la primera gran biblioteca del pueblo, con libros de economía, derecho, ciencia, filosofía y literatura que, hasta ese momento, eran joyas inaccesibles a los guarceños. En sus estantes destacan los nombres de Dostoievski, Santo Tomás de Aquino, Víctor Hugo, las Mil y una noches y, una enciclopedia completa, de maravillas de la ciencia que dan cuenta de algunos de sus trayectos de lectura. Roberto, satisfecho, se recostaba en la silla mecedora y fumaba su cigarrillo del cual era un habitual consumidor, invariablemente colocado al extremo de una elegante pipa. Abría uno de los libros y sonreía, había construido un pequeño paraíso.
Roberto aprovechará sus días de descanso para leer y escribir. No obstante, filántropo y pedagogo, con un enorme anhelo de trasmitir sus conocimientos decidió ofrecer sus servicios en el Liceo Pio XII, hoy Institución Educativa Ignacio Botero Vallejo, para dar clases de filosofía, literatura o historia. Dada su larga trayectoria académica y su experiencia fue inmediatamente aceptado. Inmerso en este papel duró trece años, hasta el final de sus días. Los estudiantes, quienes lo apreciaban y lo respetaban, solían ir a su casa a buscar material bibliográfico para sus tareas. Roberto los atendía en su biblioteca y los orientaba, además les prestaba sus libros para consulta interna, se sentaba tardes enteras y les explicaba matemáticas e historia, con un discurso claro y ameno. A la biblioteca acudían no sólo sus alumnos, sino estudiantes de todo el pueblo y jóvenes apasionados por la lectura.
El viejo ermitaño, a pesar de su estrecho contacto con el resto de la población guarceña, pues era amante de la soledad y de la compañía de su familia, tuvo algunos buenos amigos en el pueblo. Entre ellos el destacado músico Lázaro Villa, uno de los primeros grandes directores de la banda de música, quién además tocaba el órgano de la iglesia de Nuestra Señora del Rosario. Con él podía sentarse tardes enteras a conversar en el parque. Porque si de algo gustaba Don Roberto es de la buena conversación y buscaba a aquellos que rompían con la banalidad y tenían algo interesante para contar. ¿De qué conversarían estos dos personajes? Quizás de música, política,  literatura y la cotidianidad de un pueblo que parecía detenido en las montañas, alejado de todos los grandes acontecimientos del mundo.
Era muy creyente, al retirado diplomático no podía faltarle su visita a la ceremonia religiosa de culto local y, en épocas de fiesta, como semana santa o navidad, intentaba seguir noblemente los preceptos que se implementaban en esos días. Fue un gran amante y apasionado por la tradición navideña. Se la pasaba recogiendo entre sus amigos industriales regalos para, a final de año, repartir entre los hijos de campesinos, ebanistas y los más necesitados. Según nos cuenta Gustavo Escobar: en la década de los cuarenta Luciano Villa, un  cuñado, se disfrazaba de papa Noel y se iba en una mansa yegua llamada “Campanita” a repartir, en la zona rural, los regalos que había conseguido Roberto. Su marcha era esperada por niños que, ansiosos, se paraban en los pórticos de sus casas de bahareque esperando un juguete y un abrazo de feliz navidad. Ya cuando jubilado, instalado en su casa de la zona urbana, Roberto armaba un árbol de navidad gigante, cargado de adornos, al mejor estilo de la tradición norteamericana. El árbol era la sensación en la comunidad, que solía visitar la casa para admirar el árbol que se levantaba imponente, como un símbolo de paz y armonía, rezar la novena de aguinaldos al pie del pesebre y, el día de nochebuena, entregarles regalos a los que habían asistido regularmente
Durante las navidades Roberto disfrutaba de la compañía de su familia. Y, llegados a este punto, es importante destacar, precisamente, que ese era un rasgo inherente a su personalidad: un amor incondicional por su familia, su madre, sus hermanos y sus sobrinos. En tiempos de adversidades Roberto era el primero en salir a ayudar al más necesitado, el primero en extender una mano amiga y una voz de aliento. Sus sobrinos eran su amor, en diciembre solía ir a San Andrés para comprarles algunos regalos importados. También se dedicó mucho a su madre Emilia, a quien adoraba y cuya muerte lo sumió en una profunda depresión.
Gustavo Escobar, su sobrino, lo describe como amable y amoroso. “Tanto amor no le cabía en el pecho” dice emocionado. También dice que era optimista y que intentaba encontrar el lado amable ante cualquier situación difícil. Eso le permitía conservar la calma y afrontar los problemas con una gran resolución. Su hermano Gustavo solía decir que tenía complejo de Poliana,  personaje de una novela norteamericana, una niña huérfana de trece años que mandaron a vivir con una tía malencarada en un pueblo lejano. Con la llegada de la niña todos los habitantes, pesimistas e insertos en sus problemas cotidianos, fueron cambiando poco a poco. Al final más de una sonrisa apareció, gracias a la niña (y a Don Roberto), en un rostro cansado.
Don Roberto tenía una personalidad conciliadora, fruto de sus años de trabajo como diplomático. Odiaba las fotos, a las que veía, tal vez, como una amenaza que atrapaba un poco de sus silencios, que acababa con ese deseo de tranquilidad y de permanecer imperceptible. Pero también denota poca vanidad. Era un hombre desapegado de las ansias de reconocimiento o de las necesidades de riqueza material. Sus saberes, su dinero, sus bienes siempre los puso al servicio de otros. El otro era para Roberto, el centro, el lugar donde convergía la caridad cristiana y el milagro de la vida. Filántropo auténtico, como pocos, Roberto Escobar trabajó no para dejar su legado inscrito en obras materiales, sino en la memoria, en los corazones de los guarceños que con él alguna vez compartieron.
Su último gran desprendimiento vino al final de su vida. Roberto murió el 22 de diciembre del año de 1976, víctima de un enfisema pulmonar provocado en parte por su adicción al tabaco.  Le dejó su casa a Virgelina Gutiérrez, la empleada de su casa  que había servido fielmente a su familia durante todos sus años de vida, y su enorme biblioteca al Liceo, donde la administración decidió ponerle el nombre de Roberto Escobar Isaza en homenaje a este personaje que, aunque no había nacido en El Retiro, amo el pueblo como cualquier guarceño.
Cuando la biblioteca cambió de manos del liceo a la Casa de la Cultura, hoy Centro Cultural, el gobierno municipal reiteró el nombre de la biblioteca en el Acuerdo del 28 de abril de 1985, que busca perpetuar la memoria de Roberto Escobar Isaza. Aquel hombre que abrió una puerta única, a través de la educación y la lectura, para la formación de las nuevas generaciones de guarceños. Hoy conmemoramos este gesto y lo visualizamos, con una bocanada de humo, que aún permanece en la biblioteca del ermitaño. Aún nos quedan algunas páginas por leer.



martes, 4 de agosto de 2015

Parque educativo "Cuna de la libertad"



PARQUE EDUCATIVO CUNA DE LA LIBERTAD



Parque educativo Cuna de la Libertad

Imagen tomada de la página de la Gobernación de Antioquia-Secretaria de educación.



El pasado viernes 24 de Julio fue un día muy importante para toda la comunidad guarceña ya que fue entregado el nuevo parque educativo del municipio, en el cual serán promovidos procesos culturales y artísticos. Este proyecto es uno de los parque educativos promovidos por la Gobernación de Antioquia en su plan “Antioquia la más educada”.



En el lote donde se construyó el Parque Educativo Cuna de la Libertad antes funcionó una sede de la institución educativa Ignacio Botero Vallejo.



Inauguración del Parque educativo Cuna de la libertad
Imagen tomada del sitio web del Municipio de El Retiro.










domingo, 26 de octubre de 2014

Grandes fiestas en el Retiro

Hoy compartimos con nuestros lectores un artículo titulado "La Fiesta de los Negritos" publicado por la revista Distritos en su edición número 17 de 1969. Esta revista se puede consultar en la biblioteca de la Universidad de Antioquia. 

___________________________________________________________


-"el doctor Cálad lloraba cuando al despedirse los esclavos, besaban el suelo que les dio libertad”- 

Imagen tomada de la biblioteca de la Universidad de Antioquia.
Esta fue impresa por Silvestre Balcazar en 1869-1870

La Tradicional “Fiesta de los Negritos”, que cada año se conmemora en El Retiro con puntal exactitud, tuvo en sus comienzos un sentido netamente religioso, pero que con la evolución de los tiempos ha venido a caer en una celebración eminentemente popular. Su implantación  -por decirlo así- se debe a que en este municipio nació o se puso la primera piedra para la liberación de los esclavos debido a la generosidad testamentaria de doña Javiera Londoño. Para ilustración de este breve recuento, nos ceñimos a lo que al respecto dice el doctor Julio César García en su obra histórica:

“Corresponde el título de precursora de precursores del movimiento anti-esclavista en Antioquia, a doña Javiera Londoño, casada con el Sargento Mayor don José Ignacio Castañeda y Atehortua, en el siglo XVIII”
En 1767 otorgó, ya viuda, carta de libertad a 125 esclavos suyos, en circunstancias tales, que los herederos se consideraron gravemente damnificados y dijeron:” que solamente estando loca podría haber cometido semejante desatino” doña Javiera a pesar de la crítica, les concedió las minas del “Guarzo” para que las explotaran por su cuenta, con la sola condición de que celebraran cada año la fiesta de Nuestra Señora de los Dolores.
Es extraordinario ver, como después de muchos años, cuando ya los esclavos habían emigrado a otras regiones, hubieran acudido siempre, año por año, a cumplir con el compromiso y los hubieran transmitido a sus descendientes que sin saber la causa de este imperativo, venían al Retiro a celebrar la “Fiesta de los Negritos”

Y de una extensa monografía escrita por don Gabriel Vallejo con motivo de cumplirse en el año de 1914 el primer centenario de la erección municipal de El Retiro, extractamos este breve apunte, al respecto:

“Cuentan los antiguos que aquellos esclavos y esclavas ya libres entraban en formación perfecta: lucían vestiduras lujosas e imitaban en ellas a don Ignacio y a doña Javiera, es decir, a la usanza española; el doctor Cálad salía a recibirlos en procesión solemne con las imágenes de San José y la muy querida Dolorosita. El doctor Cálad les daba a besar el portapaz de plata que se conservó en la sacristía y ha tiempo desapareció; en él veían los esclavos todo el conjunto de bienes conseguidos con la libertad.”

Después de narrar en detalle lo que eran las celebraciones, rubrica así: “Terminaba la fiesta con ofrenda en oro en polvo para la iglesia en construcción y para la vivienda de los esclavos enfermos y que se depositaban en saquitos en una cadena de linón, que era tronchada por el más viejo; el doctor Cálad lloraba cuando al despedirse los esclavos, besaban el suelo que les dio libertad”.

Juzgamos que ésta es una de las más conmovedoras festividades con que suelen acompasar su vida, los pueblos que respetan sus tradiciones.

sábado, 24 de mayo de 2014

Evaluación socio-política de El Retiro

Hoy compartimos con nuestros lectores un artículo titulado "Evaluación socio-política de El Retiro" escrito por Alfredo Gutiérrez Mejía y publicado por la revista Distritos en su edición número 17 de 1969. Esta revista se puede consultar en la biblioteca de la Universidad de Antioquia. 



EVALUACIÓN SOCIO - POLÍTICA DE EL RETIRO

Dueño de una singular inteligencia, de firme preparación académica, de vastos conocimientos en diversas ramas de la actividad económica y poseedor al mismo tiempo de una atractiva y dinámica personalidad, don Alfredo Gutiérrez Mejía es un autentico representante de la cepa genética “guarceña”, que ha impuesto su factum idiosincrásico en el complicado mecanismo del mundo de los negocios. Don Alfredo ha tenido la gentileza de escribir para esta entrega de homenaje a El Retiro, este completo boceto que enmarca cabalmente el significado histórico social del municipio y cuya lectura recomendamos especialmente.
__________________________________________________



Hay un pueblo en Antioquia, muy cerca a Medellín, que en muchos aspectos resume las acentuadas características raciales del antioqueño, y conserva el orgullo de esa salsa picante que siempre ha distinguido a nuestra gente, pero no son solamente peculiaridades que aparecen a los ojos de los extraños, las que lo individualizan, sino también algunas cualidades muy de su índole, que lo hacen distinto a sus coterráneos y que probablemente tuvieron su origen en la rudeza de las aleatorias tareas que originalmente desempeñaron sus primeros pobladores. Esta población es El Retiro. Se recuesta sobre las fuentes del Nare y disfruta de un clima edénico, a 2.200 metros sobre el nivel del mar, en un valle estrecho y apacible que dista 32 kilómetros de Medellín, por excelente carretera pavimentada.

Por muchos años esta región fue objeto de una concesión real a favor de una familia chapetona, para la explotación de los aluviones del rio “Pantanillo”, cuyas arenas fueron auríferas originalmente. Cuando ya esos trabajo –ejecutados con la ayuda de esclavos- no fueron remunerativos, los concesionarios cedieron sus derechos a los trabajadores, a cambio de que celebraran cada año la “Fiesta de los Negritos” a la Santísima Virgen, patrona de la heredad.

También fueron halladas fuentes salinas, de buena concentración, y las abundantes maderas de sus montañas brindaban una propicia pero limitada reserva de combustible, para explotar dichas fuentes, y por algunos años esta industria de la sal, rica en Yodo, constituyo un recurso de actividad remunerativa para las familias empresarias, las cuales constituyeron, por mutuo acuerdo, un reglamento a manera de “Ley de Minas”, para el aprovechamiento de las aguasales y su comercialización. Por muchos años fue famosa la “sal del Retiro”, sobre todo para la salazón de ganado y carnes, y para la mesa.
Se suponía que era rica en yodo y elementos curativos para el coto humano (Bocio).
Las corrientes de agua que flanquean la población, muy caudalosas antiguamente, cuando sus cabeceras estaban aun pobladas de vegetación boscosa y arboles corpulentos, servían para el transporte de las maderas necesarias para la extracción de la sal, por ebullición directa. Pero la gradual despoblación de dichas cabeceras redujo sensiblemente el caudal de las corrientes, y, como es natural, se produjo el agotamiento de los bosques, lo cual privo a la industria de su insumo esencial. Aunque en los últimos años de explotación los salados lograron transportar sus leñas, muy alejadas ya, a fuerza de animal (bueyes rastreros), el costo aumento considerablemente y aunque la concentración de las fuentes de aguasal era adecuada, su explotación se hizo antieconómica.

Tenemos, pues, que dos industrias básicas de la región agotaron sus recursos naturales, y no solo esto, sino que la minería ejercida en un principio a lo largo de los lechos de los ríos por el sistema de “mazamorreo”, agoto y lanzo aguas abajo una importante proporción de la tierra rica en humus que en valle contenía, ello determino un futuro demasiado precario para las faenas agrícolas fundamentales.

Queda pues, solamente, una también precaria fuente de explotación extensiva de ganadería, la cual solo se hizo posible por la austeridad y poder de adaptación del ganado blanco-criollo (orejinegro); pero ella difícilmente ligada el interés de nuevas generaciones de “guarceños” (1), ansiosos de emplear bien sus energías, provenientes de un clima sano por excelencia y una vida austera; y ello los impulso a emigrar hacia el Sur del Departamento: (Caldas, el Quindío, Risaralda y el Norte del Valle). Esas tierras volcánicas, ubérrimas forjaran sus fortunas, Manizales, Pereira, Armenia, Cartago, Sevilla, Buga, etc., son hoy el solar de cientos de familias de origen guarceño.
Hoy se abren amplios y rosados horizontes al desarrollo y embellecimiento, no solo del pueblo de El Retiro, sino de toda la zona rural, dotada como muy pocas de condiciones ideales para constituirse en la vivienda de los medellinenses:
Su cercanía (32 kilómetros de excelente carretera). La belleza de sus campos y colinas. Su clima ideal y seco. La abundancia de sus aguas. La facilidad de su aprovisionamiento, y, su posición geográfica en relación con las vías, entre Medellín y los principales centros de la República.

Es, además, el vallecito de El Retiro, parte integrante del sistema, topográfico, orográfico y fluvial más interesante que pueda desearse, formando un conjunto ideal con los valles de “Salazar”, “Llano Grande”, Valle de La Ceja, etc., cuyo porvenir nos atreveríamos a considerar inmejorable y como la zona de más halagüeño futuro en Antioquia. Su posición con relación a la Metrópoli no puede ser más adecuada; su clima uniforme y la belleza de sus paisajes, hacen de esa región la zona perfecta para residencias, no solo de veraneo, como ya lo es hoy, sino que al ejecutarse los túneles de intercomunicación que ya se han planeado, toda la zona se transformara en la sección residencial más bella y bien dotada de todo el país. Sus fuentes de agua y su energía eléctrica son riquísimas, ya que en su área se desarrollan las presas más importantes del futuro, y las canalizaciones primarias de mayor capacidad en Antioquia la cruzan en varios sentidos.

Si miramos retrospectivamente el pueblo de El Retiro y escudriñamos un poco en lo que ha sido la entraña nutricia de su pueblo y de sus gentes, podríamos extendernos casi indefinidamente en el estudio y apreciación de modos y peculiaridades, que casi han conformado un prototipo de antioqueños, de hombres aventureros, amantes del azar y de los riesgos, y quienes después de conquistar valles y selvas, a las orillas del Cauca, del Amazonas o del Plata, emprenden con sus últimas energías el viaje de regreso, con la ambición, no siempre conseguida, de morir a la sombra de la blanca iglesita que bendijo su niñez
.
Las siguientes estrofas, de autor anónimo, pintan muy bien a ese “hijo prodigo”:

“Cachorro paisa nacido en el orgulloso Guarzo
Sin muchas letras menuda ni muchos escapularios,
Corazón de yerbabuena y textículos de guapo,
Era mi papa querido lo que se llama un verraco.
Sus plantas, sueños viajeros, mil caminos agobiaron;
Revólveres llenos de tiros y cuchillos cachiblancos
Supieron de su valor, castigo de los bellacos.
Y ni al ritmo de las horas desveladas de los gallos
Falto el sudor agresivo de mi buen viejo, ¡carajo!
Santa, santa santidad de santa y noble vigor de macho,
La estirpe de mis mayores, vaivén de cuna trocaron.
Dos ojos verdes de tigre y dos de ciclo entintado bañaron sus alegrías en aguas llenas de llanto.
Y como cuatro palabras que dijeron cuatro labios,
Cuatro hijos de carnicero, recibieron cuatro brazos.
Orgullo son de mi vida, viejo, tu sombrero blanco,
Tu ruana abrazada al cuello, tus tragos en el estanco,
El vaivén de sus fatigas, tus textículos de guapo,
Amor que a tu dicha dieron tus lindos cuatro muchachos.
Porque, ¡ah bueno que es ser hijo sin muchos escapularios
De una mamacita santa y de un papa bien verraco!.



       1)  Así llamados por el nombre de “Guarzo”, dado al poblado, corrupción de “cuarzo”, abundante piedra blanca en que es rica la región.



domingo, 13 de abril de 2014

Semana Santa - Virgen de los dolores

LA  DOLOROSA



TENEDORES  Y  DUEÑOS: Parroquia “Nuestra Señora de El Rosario”
ORGANIZADOR:  Germán  López  

HISTORIA:

Imagen de arte quiteño, su cabeza, busto y extremidades fueron esculpidos hace más de 150 años. No se tiene fecha exacta de su adquisición por parte del Presbítero José Vicente Calad y su Hermana, solo se sabe que fue traída entre 1847 y 1887.

La imagen estuvo a cargo de las señoras Chiquita y Laura Cálad de Henao por muchos años, Con  el tiempo, su cuidado paso a manos de la familia Mejía Vallejo, pero por  ciertos  inconvenientes  vividos  con  el  vestido les  fue  retirada  dicha  labor; en 1999 el señor German López quien fue carguero de esta imagen por 26 años asume este reto.

Según la tradición, se cree que el vestido es bordado en hilos de oro extraído de “La  mina  del   Padre  Abad”, fue  confeccionado  en  las  ciudades  de  Lila  y  París  en  Francia y solo es  utilizado  en Semana Santa (Viernes y Sábado santo); durante el resto  del  año  es  guardado en una caja de  seguridad de un banco. Hace  poco  tiempo la autenticidad de esta pieza estuvo en tela de  juicio, ya  que  algunos  comentaron  que  se  realizaron estudios  en los cuales se  duda la autenticidad del material  en  que  está confeccionado; más  no se  cree  en  ello, ya  que su mantenimiento, cuidado y resguardo, demuestra lo  contrario; anualmente recibe una  colaboración  anónima  para  cubrir  los  gastos  la  caja  de  seguridad  bancaria  donde  se  guarda el  traje.

En  su pecho  lleva  un  corazón  en  plata  y  una  diadema  o  corona  del mismo  material.

Otro  detalle  de  gran  valor  para  el patrimonio  cultural  de  la  comunidad  de El  Retiro,  es  la  inscripción  de  puño y  letra  del  padre  Cálad,  en  un  pie de  la  virgen  y  que  reza: “A  los  pies  de  mi  Señora de  los Dolores,  su indigno  hijo pero su más  humilde siervo Vicente Cálad, quien  ofrece   al  culto público  está  imagen”.  

Una anécdota curiosa es que, algunos guarceños comentan que la han visto llorar, acción que todavía no ha sido comprobada; también se habla que en la procesión de regreso del Viernes Santo, después de salir del Santo Sepulcro, por el sector conocido como “El Altico”,   frente  a  la  virgen  que  se  encuentra  ahí,  se  pone  muy  pesada y  de  forma  obligada  deben  hacer  un  alto.

Uno  de  los  devotos  fieles,  que  siempre  la  acompaña  en  su  transitar es  el  señor  Libardo  Cadavid.


Fuentes  de  información:
·        * Germán  López,  Organizador y  coordinador  del  paso  de  La  Dolorosa.
·        * Revista  Distritos  de 1969.
·        * Documento  Parroquial  “Inventario Parroquia  Nuestra Señora  de El  Rosario  de  1914”



Exposición “200 años de devoción”
Propiedad de Familia Bedoya Carmona
Obra de John Jairo Mejia Vallejo. Donada al
Concejo Municipal